TDLOimg42Ningún pretendiente era lo suficientemente hermoso para ella. Una noche un poeta de aspecto horrible se pegó un espejo en la cara y fue a declamar ante su balcón. La bella descorrió la cortina a regañadientes. No escuchó el delicado poema pero vio su imagen en la máscara plateada. “Eres el hombre que he estado esperando. Tu belleza me subyuga. Llévame contigo, por favor”, le rogó. “Sólo si sacrificas tus ojos te hago mía”, le respondió él. La virgen, sin vacilar, hundió las uñas en sus pupilas. El monstruo se despegó el espejo de la cara y pudo por fin besarla.

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TDLOimg41Se encontró irremediablemente perdido en un laberinto que tenía el piso lleno de agua. Al verse reflejado en ese espejo líquido, pensó: “A mi me va mal, pero a mi reflejo le va peor. Si yo no salgo, él tampoco lo hará”. Aquel pequeño consuelo pudo alegrarlo. “¡Además es más débil! ¡Si le lanzo esta piedra, se disolverá!” Con una risa cruel arrojó su proyectil. Esperó que el reflejo se deformara. Éste, intacto, lo observó desde la superficie. Sintió una intensa vibración, las paredes se llenaron de ondulaciones, su cuerpo explotó en un cardumen de manchas enloquecidas. Antes de perderse en la nada, pudo darse cuenta de que su mundo había sido una ilusión acuática y de que, en realidad, el reflejo era él.

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TDLOimg40Se tragó vivos a sus dos hijos, pero no pudo digerirlos. Pegando la oreja a su panza de embarazada, el viejo escuchaba los insultos de los dos prisioneros: “Estaremos aquí para siempre, devorando lo que comes y absorbiendo lo que bebes. Te envenenaremos con nuestros excrementos”. Trató de vomitarlos, pero ellos se aferraron de sus tripas y poco a poco lo fueron consumiendo. Murió convertido en un paquete de pellejo y huesos. Los tragados, siempre dentro, comenzaron a pelear por esos restos. Uno ahorcó al otro, se apoderó de la piel y llenándola por completo fue al dormitorio de su madre, que dormía con las piernas abiertas. Le excretó el cadaver de su hermano, vociferando para despertarla: ¡Toma, vieja asquerosa, aquí tienes a tu preferido!”. La mujer se le echó encima, rogándole que la poseyera. “¡Tienes que hacerlo, por algo eres mi marido!”. Él ledejó caer a los pies la piel de su padre y huyó con terror pánico de ser tragado otra vez.

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Don Juan

TDLOimg39El prestidigitador dejaba abandonada en cada ciudad una mujer cortada en dos, que con el torso penaba sus cuitas de amor, sin darse cuenta de que el trozo inferior de su cuerpo era violado por los payasos.

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Adivinanza

TDLOimg38- Cuando el monje sale, los sapos entran en el templo. ¿Cuándo entran los sapos en el templo?

- ¡Muy fácil, Maestro: los sapos entran en el templo cuando el monje sale!

- ¡Necio!

- Pero usted mismo me lo dijo: cuando el monje sale los sapos entran…

- ¡Torpe!

- ¡Entran cuando tienen calor y buscan la sombra!

- ¡Tramposo!

- ¡Entran cuando el monje olvida cerrar la puerta!

- ¡Iluso!

- ¡Entran cuando saben que allí dentro se pueden iluminar!

- ¡Intelectual, aprende a morir!

- ¡Los sapos nunca entran en el templo porque el monje no lo abandona jamás!

- ¡Eso!

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Koan

TDLOimg37- Maestro, me es imposible decir si este vaso está medio vacío o medio lleno. ¿Qué hacer?

- ¡Rompe el vaso!

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TDLOimg36- Sea lo que sea aquello que hayas vivido y por muy innumerables ancestros que tuvieres debes saber que esto es solamente el comienzo.

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Las moscas

TDLOimg35El maestro va vestido con un traje miserable. El posible discípul0 le pregunta: “¿Por qué anda andrajoso?”. El maestro contesta: “Porque soy muy humilde”. “Si fuera tan humilde no lo mostraría”, dice despreciativo el discípulo y se va en busca de otro maestro, sin darse cuenta de que el sabio humilde se ha disfrazado de “humilde” para que los posibles discípulos lo dejen tranquilo.

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El sabio

TDLOimg34A dondequiera que va, llega como extranjero, es la novedad. Los habitantes curiosos se le acercan creyendo que trae respuestas. Pero él solamente pregunta. Pregunta tanto que lo consideran sabio y aceptan esas interrogaciones como respuestas.

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La deuda

TDLOimg33Mi padre se quedó ciego cuando yo estaba en el vientre de mi madre. Al enviudar me convirtió en su lazarillo. Vivimos de la mendicidad. En estas épocas de crisis recibimos pocas limosnas. Andamos por un barrio tenebroso, hace frío, mi padre gime de hambre. “No te preocupes”, le digo, “comeremos”. Sacudo el polvo de nuestros abrigos y entramos en un restaurante chino. Nos sirven varios platos que devoramos con delicia. Le digo al servidor: “No tenemos con qué pagar”. “¿Está seguro?”, me responde sonriente y lanza un silvido que imita al ruiseñor. Llegan dos enormes chinos que me atan a la silla. Mi padre me murmura al oído: “Perdóname”. El servidor sale y luego vuelve trayendo un frasco y una cucharilla de marfil. Mostrándome los dos ojos que están en el interior de la redoma me dice con dulzura: “No te preocupes, muchacho, me pagarás en la misma forma que lo hizo tu padre”. Y me hunde la cucharilla en las cuencas. “Un día, para saldar definitivamente la deuda, tendrás que traerme a tu hijo”.

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TDLOimg32Un indio estaba sentado en la calle junto a un avestruz. Una señora curiosa se detuvo frente a ellos, acariciando a su perro faldero. Éste le ladró al plumífero: “¡Si yo tuviera esas patas ridículas me escondería!”. El indio, que conocía el lenguaje de los animales, le dijo: “Se ve que tienes buen gusto. Conozco un lugar donde hay miles de perras en celo. ¿Quieres ir con nosotros?”. El faldero respondió: “Me escaparé y vendré a buscarlos”. A la hora convenida llegó moviendo su cola. El indio recitó tres palabras y, de pronto, se encontraron en un desierto. Con su dueño montado en el lomo, el avestruz avanzó a grandes zancadas. El c an los siguió como pudo. Al cabo de horas, agotado, muerto de sed, exclamó: “¡Alto!”. El indio se detuvo: “No entiendo por qué estás tan cansado”. El perro miró con envidia al avetruz: “¡Ah, comprendo, es porque no tienes esas patas ridículas!” Gimió al cuadrúpedo: “¡Ahora me doy cuenta de cuán bellas son! ¡No me avergonzaría de poseer unas iguales!”. El indio hizo un gesto y el can se vió con cuatro patas de avestruz. ¡Saltó contento! ¡Galopó orgulloso por las dunas! El indio hizo un gesto y el animal apareció ante su ama que, asqueada, tomó un palo y lo expulsó de la casa. Cuando todo el pueblo se hubo burlado del engendro, el indio deshizo el encantamiento.

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TDLOimg31-2- Disminuye, padre mío.

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TDLOimg31-1- Crece hijo mío.

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El imitador

TDLOimg30Un hombre comienza a perder la vista. Antes de entrar en la sombra memoriza todo lo que hay en su pieza. Estudia los textos, las ilustraciones y la ubicación de los libros en la biblioteca. Cuando ya está ciego, invita gente y haciéndose el que ve les muestra su cuarto. Ofrece sillas, abre tomos, lee en voz alta, describe grabados, fabrica cócteles. Su simulación es perfecta, pero olvida encender la luz y sus visitas asisten a esa comedia en la oscuridad.

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TDLOimg29Como tengo ganas de cuidarte, enfermaste para que yo sea feliz.

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